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La incertidumbre. El lugar más seguro

Imagen: Denys Nevozhai


Nadar y guardar la ropa, soplar y sorber, … emprender y seguridad … He aquí algunas de las afirmaciones que, de facto, son reales e incompatibles por su propia naturaleza. En el mundo de la inmediatez, la paciencia es la reina. Y la incertidumbre, la enemiga de la reina. La peor enemiga. ¡Que empiece la fiesta!

Incertidumbre: Falta de seguridad, de confianza o de certeza sobre algo, especialmente cuando crea inquietud. A la ausencia de certidumbre se la denomina incertidumbre. … La certidumbre, a su vez, se asocia a la evidencia y a la certeza. Esto quiere decir que, cuando se atraviesa un momento de incertidumbre, se carece de conocimientos fiables, evidencias o certezas sobre el devenir de la cuestión.

La incertidumbre se instala en las personas cuando éstas deben afrontar una situación incierta y que desconocen, y es aquí donde se pone a prueba la confianza en sí misma. La incertidumbre genera emociones que se instalan en el temor, la expectativa, el estrés, la inseguridad o la pre – ocupación, entre otras.

Pues bien, si hay algo que se parece mucho a esto, eso es emprender… Porque si hablamos de emprender, hablamos de incertidumbre. Porque emprender comienza por una decisión que admite y reconoce la incertidumbre, y porque emprender implica el riesgo que conlleva empezar algo que, a día de hoy, no existe. Porque emprender es crear. Es construir algo único y personal, porque aunque ya exista algo parecido, da igual, porque tú, que eres quien lo inicia, eres una persona única. Y “sólo” por esto, ya es diferente.

Cada uno de los conceptos que definen la incertidumbre y la suma de todos ellos suscita, por lo menos para quien escribe este artículo, un nudo en la garganta, a la vez que una ilusión y un reto. Un conglomerado de pensamientos a cada cual más complejo para tratar de entender que estamos hablando, ni más ni menos, que de emociones. 

Y es que es de las emociones, y más en concreto de su gestión, de lo que en gran parte depende alcanzar las metas propuestas. Es en tiempos de incertidumbre, y ya hemos dicho que emprender lo es, en los que más difícil a la vez que importante resulta gestionar estas emociones de la manera adecuada. Ante la más que probable perpetuidad de la incertidumbre, la temida ansiedad está al acecho para echar por tierra nuestros planes en forma de desistimiento o rendición en el caso de una gestión ineficiente.

La delgada línea roja que separa la ansiedad de la impaciencia afecta de manera directa al devenir de un proceso emprendedor, y es vital no cruzarla, porque si hay algo que debemos evitar en la impaciencia es tomar decisiones pero, sin embargo, emprender implica la toma de decisiones de manera continua. 

“Chao. Hasta aquí. No compro”. “Estarías mejor callado”. Supongo que estos pensamientos invaden tu mente. Normal, a no ser queeeeeee:

Lo interiorices y asumas el reto de decidir tu incertidumbre.

Y es esta decisión la que, a pesar de todo lo ya comentado, hace que me mantenga más firme que nunca en el título de este post: La incertidumbre. El lugar más seguro

Y te preguntarás, ¿por qué, si casi todo son o pueden ser problemas, es lo más seguro?. Pues bien, la respuesta es tan fácil (que no sencilla) como complicada (que no difícil): 

porque depende de ti.

Es fácil porque se responde una manera muy clara y contundente, y es complicada porque esconde muchos entresijos: que dependa de ti es una decisión, una responsabilidad, un compromiso de ti con tu propia persona, es creer en ti, es ponerte a prueba, es exponerte a que emitan juicios de valor sobre tu persona y tus acciones. Es constancia, es levantarse, es continuidad, firmeza hacia el objetivo. Si lo piensas, son muchas cosas. Y todas son emocionales.

Decide tu incertidumbre

Entender que el momento que vives ahora es consecuencia del futuro que has elegido para ti te aclara todas las dudas. Decir que el presente es consecuencia del futuro y entenderlo es la liberación. Ahora, antes de continuar, para aquí y piensa un poco sobre ello. Es importante.

Todo deja de ser incierto cuando lo has elegido de manera libre. Definir un deseo para tu vida lo cambia todo. Si ese deseo está planteado de la manera correcta. ¿Por qué? Porque este concepto te sitúa como sujeto responsable de tus decisiones y sus consecuencias. Y de estas depende la consecución de ese deseo.

Generalmente y para el ser humano, esta es la realidad del problema, cuando todo depende de ti y ya no podrías quejarte de la economía, del entorno, del gobierno, de tus padres, de tu jefe, del sistema. Todo, absolutamente todo depende de ti y de tu disposición a hacer lo que sea necesario para conseguirlo. Solo así podrás conocer si aquello que has definido como deseo era tal, o por el contrario, no estás en disposición de hacer cosas que nunca has hecho para conseguir cosas que nunca has conseguido.

¿Es tu deseo, o es el de terceros?

¿Cómo sé si ese deseo es mío o de terceros? Otra pregunta para responder ¿está dentro de los paradigmas? ¿Forma parte de la cultura en la que naciste? ¿Te cuestionas si es posible, o necesario, o imposible, o depende de muchas otras cuestiones? Si la respuesta es sí, malas noticas. No es tu deseo. Buenas noticias, sabes que no es tu deseo.

El deseo es el origen. Y su adecuada definición el KM0 para el inicio del viaje. Y definirlo escrupulosamente te facilitará la valoración de cuestiones que “casualmente” aparecerán en tu camino, y que solo podrás calibrar si te interesan o no en función de su convergencia y coherencia con ese objetivo de vida —deseo— que has definido.

En caso contrario, te tocará seguir satisfaciendo a quienes han elegido por ti, “posponer – te” tú como persona y esperar que llegue el día en el que te arrepientas de no haberlo hecho.

¿La solución? Emprende en ti. Define la persona que quieres ser y consíguela. Rompe moldes, sal de tus paradigmas, empieza un proceso de lucha con tu propio ser para liberarte de aquello que han construido en ti.

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Como experiencia vital, tengo 20 años de emprendimiento, con más errores que aciertos, con proyectos que marchan y proyectos que ya marcharon. Soy formador y consultor en emprendimiento, estrategia de negocio e innovación social. En Dévé asesoro a mentes creativas, emprendedoras y buscadoras de estados de incomodidad que siempre quieren crecer.

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