Inicio Art Janelle Monáe: “Dirty Computer Tour“, La Grande Halle de la Vilette (París)

Janelle Monáe: “Dirty Computer Tour“, La Grande Halle de la Vilette (París)


El ciclo de Jazz en la Vilette admite en su seno sonoridades como la del explosivo coctel que ha preparado Janelle Mon
áe: rap, en su vertiente más social y racional, mezclas de funk y soul, como una heredera directa de James Brown, más mucho Rhythm and Blues, con algo de Art Pop y Art Rock, al igual que el alabado y ya difunto Prince Rogers Nelson, adrezado con una gotas finales de electrónica sintética y psicodelia. La fantástica artista (no sólo cantante, recordemos) estadounidense de Kansas City, ahora residente en Atlanta, deja magníficas impresiones en su espectáculo en vivo para presentar la gira que acompaña la salida su tercer y último disco largo Dirty Computer” (Bad Boy Records/Atlantic 2018). Pero seguro que aparte de este fantástico disco y espectáculo, se hablará tras ver sus conciertos no sólo de música, sino de sus reivindicaciones sociales en múltiples vertientes, lo cual es excepcional.

¿Qué artista hoy en día puede permitirse lanzar potentes conciertos en cuanto al contenido de su música, y a la vez, actuar de gran plataforma para ser voz de las minorías y de sus reivindicaciones, sin que ninguna de las dos facetas desmerezca a la otra? Quizás solo alguien como Janelle Monáe Robinson, cuya figura no ha hecho sino crecer en popularidad en los últimos años a ambos lados del Atlántico.

Tras sus apariciones como actriz en la gran pantalla (en “Moonlight(Moonlight, Barry Jenkins, 2016), pero sobre todo a partir de “Figuras Ocultas”(Hidden Figures, Theodore Melfi, 2016), el gran público ha podido conocerla mejor y revisitar sus dos LPs anteriores “The ArchAndroid”(2010, Bad Boy Records) y “The Electric Lady”(2013, Bad Boy Records),que junto al EP de 2007 “Metropolis: The Chase Suite”, conformaban las 5 suites musicales de “Metropolis”, una parábola musical de ciencia-ficción en la que se siguen de forma principal las aventuras de su personaje principal, una androide llamada Cindi Mayweather, líder de un movimiento rebelde “Q.U.E.E.N.”ante un gobierno autoritario en un mundo distópico y dotado de una personalidad cuasi humana, y ojo, pansexual.



Es un asunto el de sexualidad, que hay tratar de forma indudable, cuando se habla de Monáe, porque está ligado al contenido de su música, como bien reflejan las letras de sus canciones que la exudan de forma evidente, y es que este alter-ego de Janelle, siempre despertó curiosidad sobre su propia vida privada. Lo cierto es que la propia artista, en un gesto simbólico, ha hecho en estos últimos dos años varias cosas para dejar clara su visión al respecto, hablar de su propia sexualidad diversa en público, defender al tiempo los derechos de las minorías raciales y colectivos LGBTI, y además abandonar el personaje de la androide Cyndi, para adoptar otro, el de la también robótica Jane #57821, es decir, casi empezar a hablar de sí misma, dejando atrás la continuidad de las suites de Metropolis por ahora, pero sin dejar de profundizar en el canon musical que hizo sus dos álbumes anteriores, elementos muy atractivos para público y crítica.

Consciente de ello, en la gira de “Dirty Computer” sólo podía de nuevo, relanzar a la vez que un interés sobre su obra musical pasada y presente (apoyada por estrellas, tales como la leyenda Brian Wilson de los Beach Boys, y también actuales como Miguel, Grimes o Pharrell Williams) este mensaje reivindicativo, que busca el reconocimiento y la búsqueda de la plena igualdad de colectivos en cuestiones de raza, género e identidad sexual, sin abandonar una imagen andrógina, aunque de forma paradójica, al tiempo poderosamente femenina, y que habla a todo su público en términos de concordia, hermandad, unión ante los malos tiempos que vivimos, pero sobre todo y por encima de cualquier cosa, de sororidad.

Y Janelle, con tan buena materia prima, ante las aproximadamente ocho mil personas expectantes, que conformaban el público de todas partes, de todas las condiciones, empezó fuerte el espectáculo en La Vilette, desde su salida como androide en una camilla, mientras suena pregrabada la propia canción titular del nuevo disco, que cuenta con las prodigiosas armonías vocales de Wilson, mientras las pantallas reproducían el vídeo que se realizó para la canción como parte de un álbum visual para presentarlo, emergiendo a su final para empezar con su voz magnífica, potente y melodiosa en vivo a atacar las notas de la muy electrónica y jazzy “Crazy, Classic, Life”.



Janelle apareció desde un pódium central, junto con la banda a ambos lados compuesta por dos guitarristas, una teclista, un bajista, un batería y otra instrumentista, ataviada con una larga coleta, vestida con un par de botas de caña hasta la rodilla y un mono de cuerpo entero de franjas blancas y negras, que no la abandonarían en toda la noche, junto a gafas de sol, gorras y abrigos largos en rojo, blanco y negro, dándole un aspecto de inspiración militar y colorista, que le aportaban una impactante estética muy adecuada, empezó a dar cuenta de su muy militante e inspirado  mensaje, también contenido en la propia canción: reivindicador de derechos para todos y la vez libertino. Y a veces, la cantante iba a aparecer allí también sentada sobre un trono, como su auténtica reina del espectáculo.

Tras esta primera canción donde ya van a aparecer las cuatro bailarinas de color que la acompañarían durante todo el concierto, la androide Janelle, prosigue sin interrupción con “Take a byte”, con otra letra cargada de ritmo y de vocación transgresora (y es que decir algo como “Well I’ll just lick an angel just to purify again” es de un elevadísimo ingenio).

Más potente aún es su continuación también encadenada con “Screwed”, donde sus bailes, contoneos y gestos sensuales son el perfecto complemento de una canción, que reclama desde la provocación erótica con gusto, que literalmente “todo es sexo, excepto el sexo que es poder, excepto el poder que es sexo…” y donde ataca por primera vez el rapeo en su final, para después seguir con esta vertiente discursiva y potente con “Django Jane”, donde reflexiona sobre su propia carrera, faceta mediática, a la vez que diserta sobre la necesidad del empoderamiento femenino y la necesidad de su apoyo colectivo.



En este momento y después de los cuatro primeros temas “Dirty Computer”, Janelle decide echar la vista atrás en su obra, hacia “The Electric Lady” comenzando por la vibrante y funk “Q.U.E.E.N”, donde con algunas vetas de soul, vindica su peculiaridad y rareza de espíritu, y reafirma la necesidad de verdadera igualdad, y que no necesita de aprobación exterior para reafirmar su identidad, para continuar con “Electric Lady”, donde ya conminaba, a todos los asistentes como sus “electric ladies”, que la acompañasen con su bailes, voces y aplausos, para que diesen apoyo a sus sonoros mensajes de libertad e independencia para las mujeres, mientras los colectivos cantos de «Ooh, shock it, break it, baby, electric lady» sonaban. Janelle ya había captado así por fin a todo el público en un frenesí que no iba a abandonar ya hasta el final de la velada.

Para relajarnos después de este éxtasis, Janelle interpretaría “Prime Time”, guitarra en mano y bajo la luz de un solo foco una reflexiva y emocionante canción clásica de amor de R&B, sobre los sentimientos expuestos a flor de piel, mientras su guitarrista también introducía algunas notas del “Purple Rain”de Prince al inicio y al final. No será la última vez oiríamos trazos del de Minneapolis durante la noche.

Ligera pero llena de genialidad electrónica, es volviendo al último disco, “Pynk” en la que la artista aparece al igual que en su video ataviada con unos pantalones, que parecen unos labios menores vaginales, mientras baila coreografías en línea con sus otras cuatro acompañantes. Aun así, es curioso como la ingenuidad (ingeniosa, repetimos) de Janelle convierten este acto en una cuestión provocativa, pero llena de afán de normalización. Y, además de todo, bastante divertido para ella y todo el público.

Siguiendo en otro tono, se lanza a por “Yoga”, con ritmos animados de dancehall jamaicanos y algunos elementos electrónicos sampleados de la canción homónima de Björk. Después afronta la muy soul y luminosa, aunque electrónica en su percusión, “I Like That” y esos “Oh me, oh me, oh me, oh my”, que también todo el mundo sigue y canta. Para terminar este bloque de carácter más tranquilo, prosigue con la muy R&B, costera y elegante “Don’t Judge Me”, interpretada de forma muy vulnerable, sensible y contenida.

El público se vuelve loco, cuando escucha las primeras notas de “Make Me Feel”, single principal del nuevo disco, un hit clarísimo con letras frescas sobre las relaciones en nuestros tiempos de Twitter y Tinder, pero con reminiscencias e influencias sonoras en sus coros, riffs de guitarra y teclados sintetizados del genio de Minneapolis en su gloriosa  época ochentera, y el público enfebrecido, empieza a tomar la pista con sus movimientos, tanto en una primera interpretación en el mismo tono del disco, como en otra en reprise en un tono más funk, parecida a la del padrino Mr. Brown.

El momento más juguetón y participativo de la noche, llega con la interpretación menos caribeña que en la grabación, pero más juguetona de “I Got The Juice”, donde Janelle, elige a varios miembros del público para que suban y demuestren que tienen ese ritmo y juice especial, bailando cada uno por su separado a toda marcha en el escenario dándoles un momento de gloria y simpatía general, entre ellos dos niñas y una activista LGTBI con una bandera arcoíris.



Como fin del primer bloque, Janelle toma los dos temas más populares no sólo de “The ArchAndroid”, sino de toda su discografía, primero la potente, trepidante y psicodélica “Cold War”, donde se deja todo en la pista, al igual guitarrista, salvo el último poderoso aliento reservado, para tomar a todo ritmo “Tightrope”, esta además magnética e hiperbailable, llena de funk y groove, donde la sala entera bota, aplaude y baila con toda su alma y su cuerpo, con cabezas, caderas, pies y brazos en un fantástico, armónico y colectivo compás. Tras terminar, Janelle se retiró entre aplausos ensordecedores.

Tras varios minutos reclamando con aplausos y peticiones mayoritarias de bis (y he de decir que rara vez, he visto tan enardecido al público de París en un concierto), Janelle vuelve, deja a través de una de sus bailarinas un par de mensajes en francés en agradecimiento al público local, y a favor de todos los posibles desfavorecidos y discriminados, por su condición de diferentes, para dejar al público otras dos perlas musicales.

Se marca las dos últimas canciones de su nuevo disco. Primero, “So Afraid”, partidaria de la gente y la vida común, y la muy política y patriótica, “Americans” peticionaria del poder real para la gente, en un tono también muy Prince, con un final de voz agudísimo y épico. Y el público muy muy francés, ojo, se va su casa, tan impresionado y feliz, ante la maravilla que acaba de ver.

Los que pensaban una vez ganada cierta fama que Janelle iba a sacrificar las vertientes más explícitas y arriesgadas de su obra para vender más discos, se sentirán sin duda, confundidos, y los que la seguimos hace tiempo, sin embargo, sólo podemos aplaudirla. Fantástica, universal y poderosa Janelle Monáe.



A favor:

  • La actuación y actitud de Janelle, es energética, auténtica y encomiablemente auténtica, lo que hace un plus ver a una artista como ésta sobre el escenario: entregada cantando a pleno pulmón, bailando con un ritmo y habilidad endiablados, como si James Brown, Prince y Michael Jackson, se hubieran reencarnado en ella por una noche, y dejando al público en un estado de felicidad absoluta
  • El ritmo del espectáculo con su banda y bailarines, están tremendamente cuidados, y destaca también su parte audiovisual, que armoniza las texturas musicales de Monáe, con imágenes en vivo y grabadas en tres grandes pantallas, con un toque futurista y distópico, pero a la vez colorido y atractivo. Recuerda a las actuaciones multitudinarias de Janet Jackson hace unas décadas en el mejor de los sentidos
  • Ver al público en París enardecido y absolutamente en sintonía con un espectáculo musical lejos de sus coordenadas geográficas de origen, demuestra la fortaleza de sus formas musicales y sus mensajes luminosos, universales, más allá de su origen plenamente americano, dejando de forma muy vocal contenidos muy necesarios para los momentos y tiempos tan políticos tan oscuros que vivimos

En contra:

  • Por poner alguna pega, ninguno de los temas que están grabados a dúo en los discos (con Miguel, Zoé Kravitz, Solange Knowles o Erykah Badu, por ejemplo) cuestan con sus voces en directo, lo que les quita algo de fuerza, pero es casi mejor que si sus intervenciones estuviesen reproducidas en pregrabado

 

 

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Ingeniero civil. Ahora trabajo sobre caminos de hierro, pero el resto del tiempo busco tender puentes con otros ámbitos y profesiones, además de transitar por sendas culturales y de ocio. Mi lema es que siempre hay nuevas formas y tiempo para aprender, y también para enseñar.

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