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“Roma” de Alfonso Cuarón (México, 2018)

“Roma” de Alfonso Cuarón (México, 2018) Visionado en la Sección “Perlak/Perlas” de la 66º Edición del Festival de San Sebastián en los cines Príncipe, 29 de septiembre de 2018. Fecha de estreno en España, 14 de Diciembre a través de Netflix.

El mexicano Alfonso Cuarón se ha convertido al igual que sus compañeros directores de generación, y también amigos, Alejandro González Iñárritu y Guillermo del Toro, en un referente mundial de la cinematografía. Sin embargo, ha resultado ser el primero de los mismos que volvió a rodar en su país tras comenzar su periplo en Hollywood. Tras el éxito de las excepcionales “Hijos de los Hombres” (Children of Men, 2006) y “Gravity” (2013), última hasta ahora de su filmografía y por la que recibió el Óscar a la mejor dirección en 2014, había pasado 15 años sin filmar allí.

Su nueva película, “Roma”, ganadora del León de Oro del último Festival de Venecia, es una historia familiar muy personal, llena de grandes hallazgos visuales y sentimentales, sobre el México de los primeros años 70. Su esfuerzo de gran altura, al que quizá sea algo pronto para calificar aún de obra maestra, nos vuelve a cambiar la perspectiva sobre la obra de Cuarón, que parece enriquecer su lenguaje fílmico, reforzando su imagen de heterodoxia y dominio del cine proyecto a proyecto. Roma, es la ciudad más imperial del mundo. El amor es el sentimiento más fraternal y perdurable entre los seres humanos. ¿Es la Roma de Cuarón una brillante exposición de México,  DF y el país en general? ¿Es a su vez una reflexión sobre el imperio del amor familiar como base para todas las cosas? Sin duda es eso y mucho más: Cuarón ha profundizado de forma intensa y seria para este drama en la memoria de su niñez y ha rebuscado en ella para encontrar y plasmar una historia tan personal como universal, con el fondo del hecho histórico de la conocida masacre del Corpus Christi o Halconazo del año 1971 en la universidad de la capital y distrito federal.

De aire similar a obras del neorrealismo italiano, y recuperando las esencias de un Federico Fellini en plena forma (creo que más de un crítico podrá nombrar a 8 y 1/2 como su mayor y mejor referencia), el film rodado en fotografía de 65 mm y en blanco y negro (como nuestra anterior reseñada, Cold War, a cuyo director, Pawlikowski, incluye en sus agradecimientos), Cuarón parece querer revelar la intensidad de un tiempo vivido con imágenes hiperrealistas entre la ensoñación y lo cotidiano, en un prodigioso ejercicio de equilibrio entre el minimalismo en la narración y concreción de la historia y una apabullante pero adecuada puesta en escena, donde el encuadre de la cámara casi siempre está lleno de detalles más allá de la acción principal. Cuarón no es sólo el director de la película, sino su autor en casi su totalidad; como fotógrafo (en sustitución de su habitual colaborador el genial Emmanuel Lubezki) y montador, usa esta abigarrada, pero dinámica composición de planos para repasar el día a día de una familia de clase media-alta del DF en la Colonia Roma, un grupo compuesto de forma nuclear por una pareja y sus cuatro hijos y además, como recuento de una intrahistoria mínima pero clave dentro de la misma, la de una de sus empleadas del hogar: la indígena Cleo, interpretada con auténtica convicción en el film, y aquí está la paradoja, por la no-actriz Yalitza Aparicio.

Las decepciones vitales y su superación en un breve período de dos años, aproximarán más que nunca y para siempre a Cleo con la madre (y cabeza real del clan familiar como pronto se adivina), la Sra. Sofía (la más que eficiente María de Tavira), y sus hijos, de manera muy similar a como en la vida real, la familia del propio Cuarón y el propio Alfonso, estrechó lazos con su niñera Libo, objeto de la dedicatoria del film. No puedo contar grandes detalles de la película sin revelar a sus espectadores la trama de la misma, así que nos ahorraremos un resumen. Quédense con que verán entre otras tres secuencias únicas y hermosísimas, puro cines de muchos quilates, herederas de la planificación de sus películas americanas más logradas donde los sentimientos, la conmoción y la sorpresa, nos llevan a identificarnos con sus personajes y a empatizar con sus vivencias. La primera, la de un incendio en el bosque próximo a una hacienda, la segunda, la de la matanza del Corpus vista desde un ventanal en una tienda, y la última, un travelling de ida y vuelta en una escena de playa en el Yucatán de consecuencias casi imprevisibles.

Aparte de estas tres set-pieces que casi marcan los arcos de momentos históricos y hechos muy concretos en la película, la cotidianidad y discreción dotan el hilo narrativo, casi invisible pero firme, de una intimidad hasta ahora inédita en Cuarón —salvo para ciertos momentos de su otra gran película mexicana, la también enorme Y tu mamá también—, además de dejarnos un mensaje de amor explícito hacia las mujeres como fuente de vida y amor.

Los 135 minutos de “Roma”, dialogados en español y en parte, en el dialecto indígena mixteco, jamás se hacen largos, se nos pasan volando y no querríamos salir de esta historia, sino respirar en su humor, compadecernos de sus tragedias y simplemente vivir y permanecer en ella incluso tras su reposado final. Cuarón se permite en ellos hasta dejarnos conocer la fuente principal de inspiración cinematográfica de Gravity de una forma orgánicamente integrada en el relato.

La película es una co-producción de Netflix, sin cuya colaboración Cuarón no habría conseguido la financiación necesaria para completar este proyecto ansiado y soñado y se estrenará a través de su plataforma digital a partir del 14 de Diciembre de 2018. Exhibida ya en festivales como Venecia, Toronto o San Sebastián recibirá sólo una exhibición estadounidense mínima, para su calificación a los premios de la Academia estadounidense de este año, en la cual creemos que estará presente en muchas categorías, aparte de la de mejor película en habla no inglesa, para la que ya ha sido designada candidata de la academia de cine mexicano. Entre otras, damos por segura la de su magistral dirección, una de las mejores labores de un realizador de cine en los últimos tiempos. Ver trailer

A favor:

• La dirección de Cuarón: es una película que no sólo se ve: se siente, y eso es todo un mérito de la visión de una bestia cinematográfica como Cuarón. Pura vida hecha celuloide

• La actuación de Yalitza Aparicio: porque no actúa, ella es el personaje, y algo que debería jugar en su contra, lo hace a su favor: habita en el personaje, que respira de su naturalidad y reposo, siendo la cima, su momento más hermoso y trágico, el de una inesperada confesión final y liberación sobre la arena de la costa rodeada y abrazada por toda una familia agradecida

• La genial composición de planos, llena de matices, no sólo en cuanto a su percepción visual. Hermosa en más que un simple sentido fotográfico, trepidante y ampulosa, por rica, describiendo con originalidad los cielos de la capital mexicana (llenos de aviones o nubes singulares),  por como muestra sus suburbios, llenos de grupos grandes humanos (la lección de artes marciales, la manifestación universitaria) o de personajes tan singulares como reales (el hombre bala, el profesor disfrazado…). Recuerda a Fellini, pero también al mejor David Lean

En contra:

• Qué probablemente en muchos países no se vaya a ver en salas de cine, sino sólo a través de la suscripción en casa a Netflix. Un dolor inmenso para los cinéfilos de estos lugares, porque aseguramos que “Roma” es cine de gran altura. Dudamos que algunas secuencias, la de Yucatán por ejemplo, por su diseño y producción de sonido, se sientan con la intensidad suficiente en este ámbito. De hecho, en España aún se desconoce si conocerá otra distribución comercial, aparte de la de la pequeña pantalla

Imágenes: Netflix

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Ingeniero civil. Ahora trabajo sobre caminos de hierro, pero el resto del tiempo busco tender puentes con otros ámbitos y profesiones, además de transitar por sendas culturales y de ocio. Mi lema es que siempre hay nuevas formas y tiempo para aprender, y también para enseñar.

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