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Mi jefe es adicto al trabajo y quiere que yo también lo sea

Foto de Kevin Grieve (Unsplash).

Son las 23:24. Estás tranquilamente en el sofá. Te ha costado pero ya estás ahí reposando la cena. Tu máxima preocupación es dejar acabar el día con buen sabor de boca y te dispones a ver ese documental extraño de Netflix que comentarás con los colegas…. Pero de repente: *Ttzzzz*, *Ttzzz*.

  • Oh, ¡un mensaje privado! Debe ser algún chiste gracioso que me reenvían. Voy a ver.

Desbloqueas el teléfono, abres Whatsapp y…. ¡ZAS¡ Tu jefe. 

Te entra la ansiedad. Piensas en alternativas. “Si apago el teléfono igual piensa que no lo vi… No, no, si tengo el check azul… Tendría que haberlo quitado… ¿Y si es importante? ¿Qué pasa si ha habido un desastre con aquella presentación? ¿Y si se ha quemado el edificio?”. 

Claro, hay infinidad de posibilidades, todas pueden ser. Reúnes fuerzas y te pones a ello. Cuando por fin te enteras de lo que era… pppfff, una tontería (que era lo más probable). Te lo podría haber comentado al día siguiente o al cabo de unos días (o incluso nunca). 

Hay varios agravantes aquí: Te contacta a tu móvil privado; son las 11 pasadas de la noche; es un mensaje de whatsapp, no un email; es algo ‘urgente’ (para él; pero no significa que sea importante); no es un mensaje, es un audio; y lo que es aún peor, se trata de un audio de más de 2 minutos.

¿Te ha pasado algo parecido?

Esta situación puede parecer un poco exagerada; pero pasa más a menudo de lo que piensas. De hecho, yo mismo viví muchas situaciones así o peores. Yo tuve uno de esos jefes que le gustaba su propia voz y hacía abuso de ello. No sólo me mandaba audios de varios minutos, también me los mandaba indistintamente por Whatsapp, iCloud, email y hasta por SMS.

¿Qué sucede? Que tienes un jefe adicto al trabajo. Esto es así. Piensa en el trabajo las 24 horas del día los 7 días de la semana. Será más o menos saludable para él, es su problema; pero para ti, no es bueno. 

Momentos puntuales, proyectos que ilusionen mucho, vale, sí; es normal. Pero deja de ser normal cuando sucede siempre. Hay veces que nuestra percepción nos engaña y pensamos que es una cosa estacional. Pero es una ilusión. Nuestro cerebro está en modo “jungla” y trata de adaptarse a la situación amenazadora. Es una reacción automática a corto plazo que no anticipa los efectos a largo. 

Para identificar este ‘fenómeno’, piensa: ¿cuantas veces a lo largo del año suceden estas peticiones de mi jefe? Para ser estacional, debería ser sólo un par de veces o tres al año. Más, significa que hay un problema real de fondo.

¿Y ahora qué haces?

Voy a empezar por lo obvio: díselo. En muchas ocasiones no nos atrevemos por miedo a ‘consecuencias’. Bueno, no lo sabes si no lo intentas. De acuerdo, asumo que esto puede que no sea una opción, que no es tan sencillo o que ya lo has intentado. Pero que conste que es lo que recomiendo, ¿vale?

¿Qué hacer si mi jefe es adicto al trabajo y quiere que yo lo sea?

Ya no eras su trabajador, ahora eres su padre, madre o tutor legal. Puede sonar a broma; pero tienes que pensar así: a partir de ahora voy a enseñarle que ese comportamiento está mal.

Si ya tienes hijos/as tienes mucho a favor. Tu jefe es como un hijo al que hay que educar. Y funciona muy parecido a un niño pequeño. A veces, por mucho que le hables o adviertas de una conducta, como realmente aprende es por las consecuencias de sus actos. Que aprendan de sus errores decía aquel. Lo mismo.

En psicología del aprendizaje, esto se llama el procedimiento de extinción. La idea de fondo es que cualquier conducta que se ha aprendido está siendo reforzada de alguna forma. En este caso, tu respondiendo a sus peticiones.

Por lo tanto, ¿qué vas a hacer a partir de ahora? Exacto, dejar de premiar ese mensaje o llamada fuera de horas. Para dejarlo claro, lo que harás será:

  • No atender el teléfono, mensaje o email fuera de horas. 
  • Si te quedas tarde en la oficina, no estás disponible. Es algo puntual que no tiene nada que ver con él, son tus cosas.
  • Trata de salir a tu hora; pero también entra cuando te toque. 
  • Delimitar tus funciones o tu ámbito de acción, esto es tu trabajo, esto el de otro.

Con el tiempo aprenderá que no puede contar contigo fuera de la jornada laboral y ya se preocupará por decirte esas cosas cuando estés en la oficina. No te sientas culpable y si así te lo hace sentir, deja claro que estás siendo un trabajador más eficiente. El argumento es ese: soy más eficiente.

Te advierto de dos cosas. En primer lugar, que la desaparición de una conducta problemática como esta, y más si está muy arraigada y reforzada por otros compañeros, tardará bastante en desaparecer. Piensa que es algo que tu jefe ha aprendido desde hace mucho tiempo, le ha funcionado muy bien, por lo tanto más lenta será su extinción. 

En segundo lugar, cuidado que al principio irá a más. Sí, cuando algo aprendido que ha funcionado tan bien en el pasado parece dejar de funcionar, como no lo comprendemos, tratamos de hacer lo mismo pero “a lo bestia”. Al principio incrementará su intensidad. Después se irá modificando esa conducta en otras muy diferentes (si te solía mandar whats, probará con llamadas, etc.). Es fundamental que no premies a tu jefe con tu respuesta justo en este momento; pues le estarás reforzando que esas medidas tan desproporcionadas son las que funcionan.

Finalmente, si te has mantenido firme y no has cedido hasta el final, tu jefe habrá aprendido por los hechos que lo mejor es trabajar contigo en la oficina de forma normal. 

Atención, esto sucede igual que con tu pareja: si papá le dice una cosa al niño y mamá le dice otra, no acabará de funcionar. Es posible que tu jefe no quiera que tú seas adicto al trabajo; pero sí lo intentará con tus compañeros. Intenta ponerte de acuerdo con ellos, saldréis todos ganando.

Sugerencia de presentación: Everybody’s Changing – Lily Allen


Imagen: Kevin Grieve

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Consultor de estrategia empresarial y Mentor de artistas. He trabajado en entornos altamente cambiantes y competitivos en el mundo de los negocios, y he visto lo mejor y lo peor del ser humano. He comprobado que el cómo se hagan las cosas es tanto o más importante que el fin en sí mismo; y que el llamado éxito sólo se da gracias a la libertad de mente y espíritu. Fan de Bunbury y coleccionista de relojes.

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