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Consejos de abogados de divorcios para el éxito de tu matrimonio

La última boda a la que fui, intencionadamente, fue en la llamada ciudad del amor, en mes romántico. Una boda íntima, con todo bello, en la cual ella le dice a él: “Prometo amarte, respetarte, cuidar de ti, serte fiel, en la salud y en la enfermedad; en la riqueza, en la pobreza; en lo bueno y en lo malo. Hasta que la muerte nos separe”.

Lo de siempre, ¿no? Pero en un francés muy dulce suena mejor.

Mientras él se lo dice a ella, miro a la mujer que está sentada a mi lado y le digo:

—Madre mía, lo que ha dicho. Esto son palabras mayores.

—Sí, si lo piensas sí, es muy serio lo que acaba de decir —ella también mueve la mano derecha.

—¿Pero se ha dado cuenta de lo que ha dicho?

Con la música de fondo quizá no. Pero a mí me impresionan las palabras.

Si me lees y te vas a casar*, las estadísticas dicen que la probabilidad de fracasar es superior a la de éxito. O sea, es más probable que te divorcies o que tu unión se rompa que el hecho de que lleguéis a viejos juntos. “Ojalá fuéramos tan especiales y nuestra unión se  mantuviera por ser nosotros los protagonistas…” es una frase que nadie dice, pero todo el mundo tácitamente enuncia en sus deseos. Hasta que están en el despacho de un abogado de divorcios y éste clasifica con indiferencia su caso dentro de uno de los X casos tipo: “¡Apunta otro caso de conflicto de intereses!”

Es gracioso, lo que en los negocios se aborda con años de preparación, análisis, mentalidad, continuo aprendizaje, en la vida amorosa —más influyente, si cabe—, se tiende a abordar con 40000 euros para comprar decenas de cosas, centenas de fotos y mucha ilusión. Y ya está. Se pasa más tiempo pensando en la tarta  de la fiesta que en el contrato que vas a firmar, sus pros, sus contras y si su firma va a resolver los problemas que crees que va a resolver.

Los abogados de divorcios son las personas más indicadas para hablar de relaciones de pareja.

Este artículo está de tu lado, no está para desanimarte, o para que salgas de aquí pensando que te echo un cubo de agua fría. Si te digo que en cuanto termines de leer este artículo tienes un 53% de probabilidades de caerte, miras por dónde vas, como mínimo. Si te digo que un ordenador tiene un 53% de probabilidades de salirte mal, no lo compras. Así que si los matrimonios fueran una tecnología, no los compraríamos. En España ya hablamos de 400.000 divorcios al año, con daños colaterales que afectan a 150.000 niños al año. Por tanto,  no estaría mal prestar más atención. Más ahora, después del 2020.

La buena noticia es que podemos contar con lo que saben los abogados de divorcios sobre lo que hace que las relaciones de pareja fracasen. He contado con tres abogados que han llevado centenas de divorcios. La intención no es bajo ningún concepto disuadir sobre la idea de casarse, sino que es resolver problemas antes de que surjan y acaben con tu matrimonio. Ya que vas a comprar, que sea rentable la compra.

“Hoy en día es más difícil que nunca mantener una idea que sea durable en el tiempo, porque vivimos en un mundo muy acelerado”, comenta Marisa Álvarez. “Pero si hay amor de verdad, si hay respeto, si uno se conoce a uno mismo y conoce al otro, y si uno se aguanta a sí mismo y aguanta al otro, el matrimonio puede afianzarse incluso en las dificultades”.

Distinguir sentimientos y dejar de asociarlos a éxito o fracaso es otro consejo. “Pues tienen que tener en cuenta que lo que ahora sienten no va a ser lo mismo que sentirán cuando ya vivan en pareja o en matrimonio. Qué  quiero decir, que ahora mismo tienen una sensación de enamoramiento que tampoco es amor, y que tampoco es querer” Juan Ramón Conde ha atendido más de 400 divorcios. “Esa sensación de enamoramiento o de amor incondicional, adición, de forma intensiva y profunda, no es lo que van a sentir con el paso del tiempo. Ese querer inicial que a lo mejor todo el mundo tiene, que confunde con lo que es el amor. Ese querer que necesitas a la otra persona pero la necesitas para ti. Es ciertamente egoísta, porque la quieres poseer”

Eso lleva a muchos problemas.

Otro aspecto es la transición entre las expectativas y la realidad, sobre todo en la era de Instagram. James Sexton, abogado de divorcios afincado en Nueva York afirma que quizá hemos perdido la capacidad de ser francos: “Recomendaría hablar francamente con alguien que haya estado casado durante un largo tiempo. Vamos, alguien que haya comprado esto y le haya funcionado bien. No se nos anima a ser honestos sobre nuestras relaciones. No compartimos lo que realmente nos pasa. Estamos en una sociedad muy depurada en la que en las redes sociales solo se comparte lo mejor, la mejor foto, las mejores vacaciones… lo mejor de lo que estamos haciendo. No compartimos lo relevante”.

Mucha gente simplemente no es honesta en sus relaciones. “Si pudiéramos hablar más, podríamos tener un punto más preciso sobre el estado de la relación”. Las palabras de Sexton son coherentes con las de Juan Ramón Conde: “Afianzar el amor. Ese amor que se puede traducir en una sensación de confianza, de lealtad, de valorar el sacrificio por el otro, el aceptarle por sí mismo, el decir “voy a arreglar mis diferencias de la forma que pueda”. El hacer nuestro ese sentimiento de querer a la otra persona cuando ya estás relajado”

Relajado dice. Se le entiende… existe la broma de los cónyuges que engordan y se descuidan una vez firmado el contrato. Es como si una vez casado, ya estuviera todo resuelto y no hubiera que hacer nada más. “Una vez en pareja hay que hablar. Esta confianza se desarrolla en la comunicación constante”. Hablar de qué, y cómo. Sexton asegura que hay que ser muy pragmáticos. A qué hora se va a la cama: es nocturno o diurno. A qué hora se levanta. Qué le gusta. Cómo lleva lo de las deudas. Cuál es su relación con el dinero. Si le gusta planchar, porque tú no lo llevas bien, pero se te da bien cocinar y limpiar. Cuántos hijos quieres tener, en caso de que quieras. Cuántas veces necesita tener relaciones sexuales a la semana para sentirse satisfecho. Las preguntas básicas fundamentales. “Son básicas. Lo del alma gemela a la que adivinas lo que quiere  no existe. Tener estas respuestas ayuda a satisfacer las necesidades de tu pareja mejor”.

Honestidad, comunicación… y tolerancia. Juan Ramón asegura que “hay que tolerar. No son un puzle, no encajan perfectamente. Hay que dedicarle tiempo y amor al otro, pero dejarle su espacio. Cada uno tiene que tener su espacio. Cuando digo tolerar digo que además de ver sus virtudes, que es lo primero que llama la atención, hay que ver que esa persona también tiene sus defectos”.

A continuación añade que ese amor no se sobreentiende; hay que buscarlo. Y ese buscarlo va a costar. Y hay que mantenerlo.

“Los problemas hay que solucionarlos entre los dos, no imponiendo el criterio de uno a otro”. Tan importante como enamorarse es saber resolver problemas. “Además, que no interfieran terceras personas porque eso poco a poco va minando. Las familias pueden crear una serie de interferencias que son insalvables.”

Seamos más específicos. Los hay que dicen que el matrimonio es duro: “No sé si eso es verdad”, responde Sexton, “Hay una metáfora para esto: perder peso es más duro que mantener el sobrepeso. La vida te va a tirar desafíos. Adversidades, malentendidos, problemas en el trabajo…» ¿Pero qué es lo que consume los matrimonios desde dentro? O sea, qué es lo que los enfría hasta la muerte. Sexton lo tiene claro: la falta de atención. En el momento en que falla la atención, entran en la pareja «cositas». Si no prestas atención, estas cositas crecen. Y ahí es cuando suceden las cosas grandes”.

El divorcio porque él se acueste con la secretaria es legítimo. Sin embargo, si él se acuesta con otra es porque algo va mal en el matrimonio desde hace tiempo. Es más fácil quitarse responsabilidad y apuntar al otro que admitir que en algún momento alguien dejó de prestar atención. Sexton insiste en que los pequeños detalles, que crearon la relación, son los que hacen posible la conexión; al igual que su pérdida hace que se corten las conexiones y la relación entre en crisis.

Pero la crisis no es el final necesariamente. “Cuando estés en crisis piensa que los problemas siempre se pueden resolver. Pensad por qué decidisteis vivir en pareja y que siempre se puede recurrir a una persona”. Un mal momento no es el fin, ni la razón por la que ir al despacho de un abogado de divorcios. Los profesionales de divorcios tienen muchísimo que contar, y ven en sus despachos comportamientos de personas ofendidas, con resentimiento… y son capaces de ver lo que hace que los matrimonios fracasen. Hacerles caso es una buena idea —y quizá debería volver a hablar con abogados de divorcios—.

 


Imagen: Hutomo Abrianto


*Casarse, juntarse, pareja de hecho…

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Creo que nada es difícil si sabes hacerlo. Soy Esther, ingeniera de Caminos amante de los trenes y del progreso social que traen. Dirijo Dévé, donde edito y escribo sobre estrategia, liderazgo y dinámica social; pilares del desempeño pro y perso. La verdad —simple, directa y clara— te hace libre.

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