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8 horas de sueño ya no son suficientes. Esto es lo que hace falta, según la ciencia

El estado actual de la higiene del sueño y lo que afirma la ciencia (y el sentido común) | Sabri Tuzcu

Dormir ocho horas es una necesidad humana básica, pero ¿sabías que tu cuerpo te pide algo más que el sueño diario?

No hay número mágico a la hora de determinar la cantidad de sueño que necesitamos para funcionar correctamente. Sin embargo, tanto la biología como la psicología sugieren que la gente necesita algo más que las ocho horas de sueño estándar.

Las investigaciones sugieren que dormir bien es fundamental para la salud mental y el bienestar. Y la falta de sueño está asociada a problemas de humor como irritabilidad, ansiedad, problemas de concentración y una perspectiva más defensiva. Cuando no se duerme bien el cerebro reptiliano toma mayor control.

Hasta aquí queda claro. Sin embargo, la realidad se abrirá paso entre tantos discursos: incluso sirviéndose de dormir ocho horas, esto no es suficiente para la mayoría de los seres vivientes. Hace falta algo más.

La calidad del sueño en tiempos posmodernos

Sucede que la calidad del sueño importa tanto como la cantidad. En la actualidad, la vida en las ciudades no favorece el dormir bien (el estudio del Instituto de la Salud Mental de Amsterdam lo confirma). Me atreveré a mencionar el acceso a una noche tranquila como uno de los factores que separan clases sociales. Es decir, en edificaciones de peor calidad, habitadas por individuos con poco sentido de la realidad fuera de ellos mismos, acceder a una buena noche de sueño puede ser una lotería, suponiendo que no tienes insomnio. 

Se da por hecho que evitar la luz de las pantallas y establecer una rutina es importante, pero en ocasiones vivir en comunidad perjudica al individuo. ¿Quién lo diría?

Vivimos en tiempos tensos en los que el movimiento libre es un bien escaso. Pasar diez horas sentado sin apenas ocasión de moverse para liberar tensiones del cuerpo y luego pasar otras cinco con la cabeza agachada mirando el teléfono no debería ser el único destino para el cuerpo y los ojos.

Además, ¿cuántas tensiones de la mente son somatizadas por el cuerpo sin percibirlo? Por eso apuesto por moverme libremente y con vigor todas las tardes. El cuerpo merece una vida mejor.

Cómo mejorar la calidad del sueño (y de lo que hay alrededor)

Además de despejar el cuerpo, conviene despejar la mente, y si puede ser lejos de pantallas, mejor. Las personas que hacen planes en los que las pantallas no están incluidas renuevan su mente y los momentos de su memoria.

Ejercicio moderado: en esto cada uno se encontrará a sí mismo. Unos prefieren ir al gimnasio por el sentido de grupo, comodidad y por la disciplina que implica una actividad dirigida. Otros no encuentran sentido a encerrarse en un gimnasio tras haber pasado diez horas en un edificio sin que les dé el sol y el aire. De modo que preferirán hacer ejercicio en casa, dar un paseo o bailar. Otros preferirán un partido de fútbol los sábados por la mañana, ya que este cambio de rutina ayudará a que sus mentes también se despejen.


Por último, pero no menos importante, hay que reírse más. Lo dice el estudio de la Universidad de Maryland del 2011, el de la Universidad de Turku del 2017 y el sentido común. No solo en solitario, sino en compañía: hay que tener personas que te alivien la vida. El otro día dije en Twitter que creo en las personas “tiramisú”, aludiendo al significado original de la palabra en italiano (tira mi su, o “tira de mí hacia arriba”): esas que cuando estás mal su mera presencia te anima. En momentos tensos hace falta tenerlas cerca, ¿verdad? Una buena risa, o alguien con quien puedas ser tú hoy en día es un bien exclusivo. Bastante tenso es pasar 9 horas al día con la máscara de profesional puesta.

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Creo que nada es difícil si sabes hacerlo. Soy Esther, ingeniera de Caminos amante de los trenes y del progreso social que traen. Dirijo Dévé, donde edito y escribo sobre estrategia, liderazgo y dinámica social; pilares del desempeño pro y perso. La verdad —simple, directa y clara— te hace libre.

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