Inicio Confidencial Mantener y reforzar tus amistades es un arte —de 5 claves.

Mantener y reforzar tus amistades es un arte —de 5 claves.

Nada es difícil si sabes hacerlo. Pero hay que aprender.

Acabo de hablar con un amigo con el que lo nuestro es llamarse. Lo fue siempre, ahora que lo pienso: lo fue desde antes de que entraran los smartphones a nuestra vida y lo siguió siendo cuando otros me decían «No me llames, escríbeme». Lo sigue siendo hoy, cuando nuestras vidas se ocupan cada vez más y la gente que prefería mis mensajes a mi voz se quedó sin mí.

Este artículo es para quienes tenemos una edad (respetable) y vemos que de verdad las cosas ya no son como antes, porque no pueden serlo. Bien sea porque los caminos tienden a separarse, porque las situaciones de la gente de alrededor cambian, o porque los objetivos cambian. Veros es algo que cuesta, pero vuestra relación es buena. Pero ves lo que se avecina y temes que la relación se enfríe y se muera de frío.

Ante de nada, dejad de decir que estáis muy ocupados: eso es malo para la amistad.

Haciendo balance del año no creo que mires atrás y digas «Ojalá hubiera trabajado más». Es más probable que te arrepientas de no haber dedicado más tiempo a tus amistades. No a la vida social, sino a tus amistades. A ciertas alturas lo que uno necesita es gente con la que contar realmente, no amigos con los que hacerse stories de Instagram. Pero del mismo modo que miras atrás, puede que te preguntes qué opciones había para mantener las amistades —o el contacto— estando tú tan ocupado y tus amigos también. Lo que voy a decir no es la panacea universal, pero necesita que tengas esto en cuenta:

1. Para que surta efecto necesita haber ganas por ambas partes. De modo que no va a funcionar con todos. Pero si lo que vas a leer a continuación no te funciona con una persona en especial tras aplicarlo, tranquilidad: hay más gente en el mundo.

2. La amistad no fluye sola si no la empujas. Habrá momentos en los que tendrás que empujar.

3. No todos los amigos necesitan responder igual. Podrás hacerte una idea de la cercanía de la amistad y de la regularidad con la que podéis contactar.

4. Hay gente que piensa que la amistad no existe. Hay gente que piensa que todo es interés… Vale, pero cuando se trata de mantener amistades, lo mejor es ser positivo —no histriónico— y quitarle hierro al asunto. No exijas tanto.

Estamos enganchados al móvil. Que sea para algo.

Proponte llamar más (sin molestar a los vecinos si vas en transporte público, un respeto). Llamar, por mucho que argumenten los divos, será una forma de comunicarse a un nivel al que los mensajes no llegarán. Es cierto que hay contactos a los que no llamamos —sobre todo si están en otro país— porque llamarles es todo un ritual: llegar a casa, encender el ordenador, abrir Skype… y dedicarles una hora. Qué pereza. Pues ya en 2019, con Whatsapp y FaceTime esa excusa no vale. Y lo de una hora no tiene por qué suceder. Es mejor una llamada de 5 o 10 minutos regularmente que largas videoconferencias que de la pereza que dan, no se producen. Por otro lado, hay otros momentos que se pueden aprovechar: el hacer la compra, los 3 minutos de camino entre la oficina y la cantina o el lugar donde comes.

Si llamar no está entre tus hábitos es verdad que te va a costar al principio. Por supuesto. Por eso…

No esperes a que te pase algo «importante» en la vida para hablar. Cuéntales algo jugoso que te haya ocurrido.

 


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Jugoso no significa apoteósico; significa cotidiano de lo que se pueda hablar. ¿Cómo se conversa de forma que la conversación fluya? Además de las 5 reglas de los buenos conversadores, necesitamos algo más: regularidad. La regularidad hace que una conversación se entrelace con la anterior y genere expectativas para la siguiente. Dicho de otra manera: ten a tu gente al loro de tu vida, o al menos, de esa parte de tu vida que te interesa. Relacionado con esto… aprende a contar tu vida, aprende a contar la historia de tu vida. Tu vida es más interesante en «modo serie» que en «modo película».

Un ejemplo posible: «¿Tú te puedes creer que haya alguien que me llame a las 8 de la tarde para que entregue algo mañana a primera hora? Tuvo todo el día para llamarme. Me acordé de ti cuando te retuvieron en esa reunión estúpida durante horas».

Estate ahí en los momentos difíciles. Pero no solo en los difíciles.

Un amigo te escuchará —sin interrumpirte— cuando le cuentes que tuviste una discusión con esa compañera de trabajo a la que caes tan mal. Un gran amigo te escuchará, y el día siguiente te preguntará para saber si ha habido alguna novedad. Un pro seguro vuelve a preguntarte tras unos días: «Oye, no hubo ninguna novedad sobre esa persona tan estúpida desde entonces, ¿verdad?» El pro no es pro por tener una gran memoria, sino por ser sensible, prestar atención y ver qué es lo que te ha hecho sentirte vulnerable. La idea es estar: en lo malo y en lo bueno. Si estás solo en los momentos difíciles eres un hombro para llorar, y eso no te interesa tampoco. 

Y permite que la gente pueda estar ahí para ti también.

Ojo, que no todo el mundo está en tu cabeza y no todo el mundo sabe lo que necesitas en momentos difíciles. Pero es cuestión de pedir por esa boquita. ¿Qué necesitas? ¿Que te llamen, que despotriquen contigo? ¿Un paseo? Si quieres amistades fuertes tendrás que dejar ver que eres un ser humano. Si hay algo que te hace sentirte presionado, pregunta a tus amigos qué harían en tu lugar.

 

Vale que te hayas casado/emparejado, pero no por eso ya eres una isla.

Uno de los puntos tristes de los cambios de vida es que la amistad se disuelve en la niebla en cuanto cambia el estado civil. No solo por el cambio de estilo de vida, sino por el cambio de temas de conversación. La amistad, sea en la edad que sea, se mantiene con cuidado regular, respeto y flexibilidad. Mantener una amistad a veces exige ir en contra de la tendencia natural de dejarse absorber por la nueva situación familiar/laboral y hacer hueco.

Las reglas del juego de adulto no son las mismas que de adolescente, pero no por ello la amistad es peor, o está condenada a serlo.  Pero una regla que funciona para las amistades a esta edad es reprimir esa tendencia de interrumpir a quien nos habla para hablar de nuestro libro.

¿Sabes una cosa? Hay más gente intentando ser buen amigo y buen conversador de la que crees. Seguramente hay alguien en tu vida que leerá este artículo e intentará aplicar las claves contigo. Puede que haya alguien que te llame de repente… ya me entiendes. Como dije hace unos días, los principios no son fáciles, no exijas tanto. Ser el lugar seguro de alguien es algo que recompensa en el futuro.

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Creo que nada es difícil si sabes hacerlo. Soy Esther, ingeniera de Caminos amante de los trenes y del progreso social que traen. Dirijo Dévé, donde edito y escribo sobre estrategia, liderazgo y dinámica social; pilares del desempeño pro y perso. La verdad —simple, directa y clara— te hace libre.

¿Qué opinas? Hablemos.