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Cuando los padres se comienzan a enfermar

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La conciliación de la que no se habla en la vida adulta: la salud de los padres

Nadie nos prepara para el día que de repente toca ser padre de tus padres. Ver a tu padre enfermar es una de las pruebas más duras que te puede tocar vivir. Primero, llega el desconcierto; después, la negación; más adelante, la rabia y, cómo no, la resignación. No siempre se lleva bien.

Pero la vida sigue —se dice, con cierta condescendencia— y con ella, el trabajo. Trabajo que sigue exigiendo el 100% como si no le importase tu vida: el deber es el deber, y ante eso no hay queja que valga. Después de todo, se trata de tu fuente de ingresos. Hay quienes se sumergen en la oficina para olvidar el dolor. Otros lo dejan de lado por la angustia. Pero cuando los padres se comienzan a enfermar lo ideal es encontrar un espacio para cada cosa, una forma de cuidar de ti y de los tuyos.

Dejemos que los veinteañeros incautos se queden solos en su desprecio al equilibrio entre lo laboral y lo personal. Dejemos que sean los de ego inflado (esos que creen que su empleo les será fiel) los que crean que el trabajo va primero siempre. Tú que lees estas líneas, conoces la realidad de la vida. Por eso, en este artículo compartiré algunas claves  para actuar cuando tus padres se enferman y tu vida se tambalea — desde mi experiencia.

El desafío emocional de tener a los padres enfermos de adulto

Todos asumimos la parte de la vida en la que nuestros padres nos cuidan. Los padres suelen estar en buen estado de salud mientras nos vamos formando para ser esas personas capaces del puesto de trabajo que tenemos —menos mal, porque aguantar la adolescencia requiere bastante entereza—.

Pero es curioso que, justo cuando estamos en ese punto de tener la vida encaminada (al menos, así debería ser) y el ego en su mejor momento, la realidad comienza a asustar. Son situaciones diferentes, pero con algo en común: ver enfermar a quien creías inquebrantable. Saber que quien creías que viviría para siempre un día va a morir. Son muchas emociones. Para todos primero es un shock emocional; después viene el vértigo: “¿Cómo llevaré esto en el trabajo?” “En mi empresa se entiende la conciliación por maternidad, pero ¿qué pensarán si se trata de mi madre enferma?”

Cómo mantener la moral cuando los padres comienzan a sufrir problemas de salud

  • No estamos tan solos como creemos. Todos tenemos una red de apoyo a la cual acudir. Si la he construido yo, que soy hija única, estoy segura que las familias más numerosas también podrán.  No hay razón para cargar con el mundo sobre tu espalda. Quienes te quieren estarán felices de ayudarte. 
    Para bien o para mal he tenido la oportunidad de constatar esto en primera fila.

  • No hace falta ser “el fuerte” o “la que les levante la moral siempre”. Deja fluir las emociones (de forma sana) y podrás pensar con claridad. Por ejemplo, habla con alguien de confianza. Es normal querer ser fuerte frente a tus padres. Pero hablar te aliviará. Conversa sobre la salud de tus padres y lo que sientes.

  • Busca ayuda profesional. Un terapeuta te da un espacio seguro, y sin juicios.

  • Cuida de ti. No dejes tus relaciones sociales ni tus hobbies. Deja espacio para compartir con quienes te apoyan o contigo mismo. Haz cosas sencillas como ir por un helado, tomar un baño relajante o caminar.

  • Por otro lado, ten en cuenta que tus padres también viven emociones difíciles y hacen lo mejor que pueden para procesarlas. También es duro para ellos percibir que pierden fuerza, lucidez y no pueden hacer casi nada para impedirlo. No te tomes nada personal ni invalides lo que sienten. Sé compasivo y comprensivo con ellos y contigo. Recuerda que tu papá o tu mamá es quien tiene la enfermedad. Como hijo, tienes buenas intenciones. Pero ellos son dueños de sus vidas. Respeta sus opiniones y su rol de adultos, a menos que la enfermedad se lo impida.

Cómo equilibrar vida personal y trabajo cuando los padres comienzan a enfermarse

Era un sábado por la noche cuando mi papá sufrió el ictus. Lo llevaron al hospital y allí se quedó una semana. Mi mamá y yo no nos separamos de su lado. Pero tampoco podía descuidar mis clientes y proyectos. Desde el día uno en el hospital tuve el apoyo de familiares, amigos, clientes y compañeros propios. Eso alivió la carga y mantuvo la moral alta, incluso en los momentos oscuros.

Si has practicado la asertividad y la buena relación con tu jefe, aquí te hará falta. Habla con tu jefe. No hará falta entrar mucho en detalles, ni llorar en tu escritorio ante tus compañeros de equipo, pero conviene que sepan que algo ocurre. Lo primero que hice fue comunicarme con mis clientes. Les conté lo que estaba pasando y les pedí flexibilidad. La mayoría lo entendió.

Si se te da bien negociar, tienes un punto a tu favor. Busca soluciones ganar-ganar. Tener un padre enfermo es una situación compleja. Pero no por ello vamos a dejar todo de lado. En mi caso, reduje mi disponibilidad de trabajo, delegué algunas tareas, negocié plazos y condiciones. 

Si estás al tanto de tus derechos laborales en estos casos, mejor. Algunos han gastado días de vacaciones para atender a sus padres enfermos, cuando en su convenio ponía que tienen derecho a días de baja por enfermedad del progenitor. Hay empresas que ofrecen licencias. Además, también puedes proponer trabajar desde casa, o media jornada. Todo dependerá de las condiciones que se puedan negociar. 

Haz un plan financiero. Probablemente, necesites afrontar gastos médicos y, si trabajas por cuenta propia o la enfermedad de tus padres recae mucho sobre ti, una posible disminución de ingresos. Algunos aspectos a considerar son los ahorros disponibles, lo que ofrece (y lo que no) la póliza de seguro y contemplar los gastos médicos para los siguientes meses. Además, tuve que hacer algunos ajustes y negociar algunas condiciones de pago.  

Quizá cuando los padres enferman, se reorganicen tus objetivos de carrera. Yo al final logré salir adelante sin afectar mucho mi vida profesional. Y sigo adaptando mi vida laboral a esta nueva realidad que me acompañará por algunos meses más. Tuve que posponer algunas metas y cambiar otras. No ha sido fácil, pero he sido afortunada. Tener un equilibrio entre mi vida laboral y personal me permitió darle prioridad a la recuperación de mi padre. Y eso se ha notado en su mejoría, y en lo fácil que fue retomar la tranquilidad en el día a día.

Momentos como la enfermedad de los padres sirven para recordar qué somos en la vida y qué es lo más importante. Saber lidiar con ellos con sobriedad y entereza es lo que nuestros padres querrían. Y también, será parte del legado que podremos dejar a nuestros hijos —esos que no hablan, pero siempre observan—.

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